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Nina Simone: la marca personal fraguada por la adversidad

Habrían de pasar aún veinte años para que fuese conocida como Nina Simone, y alguno más para convertirse en una de las más grandes divas del jazz pero, a la edad de cuatro años, Eunice Kathleen Waynon, ya cantaba y tocaba el piano con soltura en los oficios religiosos. Su familia apenas podía mantenerse pero, a los seis años, y gracias a una ayuda anónima, pudo comenzar sus estudios de piano clásico.

Cuatro años más tarde, Eunice, que ya era una pianista prodigiosa, ofreció un concierto en la biblioteca de su ciudad. Sentados en la primera fila, sus orgullosos padres aguardaban a que comenzase el concierto cuando fueron obligados a levantarse de sus asientos para que unos ciudadanos blancos ocupasen su lugar.

Este hecho marcaría para siempre a Eunice que, con los años, se convertiría en una activa defensora de los derechos de la población afroamericana.

A pesar de este incidente, Eunice continuó sus estudios de piano y canto hasta que, tras ver denegada una beca de estudios, asumió que no iba a ser la primera concertista negra de la historia de los Estados Unidos y comenzó a trabajar como pianista en un bar de Atlantic City.

Cada noche debía tocar y cantar durante seis horas, así que creó un repertorio de música popular, que personalizaba con toques de jazz y clásicos y que interpretaba con un estilo vocal intenso y desgarrado. Sería entonces cuando adoptaría el nombre artístico de Nina Simone para que su madre no se enterase de que tocaba el piano en un bar.

Su inconfundible estilo pronto la haría popular, posibilitando la grabación del primero de una larga lista de discos. Comenzó entonces una carrera llena de éxitos, que no la hicieron abandonar de su posición comprometida contra la discriminación racial.

Hay pocos ejemplos tan claros en el mundo del espectáculo de lo que es una marca personal: la suma de conocimiento, actitud y valores hacían de Nina Simone una artista irrepetible e inimitable.

Por eso, en estos tiempos en los que soplan vientos de cambio, encuentro inspiradora su historia, la de alguien que supo crear su marca y su futuro a partir de la adversidad.

No hablo de milagros, de secretos, de atracción, ni de positivismo barato. Hablo de estudiar, de practicar, de ser constante, de tener determinación e integridad.

En los próximos años tendrás que acostumbrarte a evolucionar, a cambiar de ocupación, a adquirir conocimientos de manera continua. Lo que no cambiará nunca, si está bien construida, es tu marca.

En la discografía de Nina Simone hay música que podríamos clasificar como jazz, soul o pop, aunque sería irrelevante hacerlo. El estilo, o la marca, de Simone son tan inconfundibles que traspasan los límites de las etiquetas.

Hace ya casi diez años que el piano y la voz de Nina Simone se apagaron para siempre, pero nos queda su música y una declaración de intenciones que, aún hoy, no hace más que reforzar su marca:

Me gustaría que se me recordara como una diva comprometida con sus sentimientos hacia el racismo y sobre cómo debería ser el mundo; y que, hasta el final de sus días, permaneció fiel a sí misma

Nina eligió como título de su autobiografía “I put a spell on you”, uno de sus temas más conocidos, en el que versionaba al extravagante Screamin’ Jay Hawkins, y no se me ocurre mejor cierre para apreciar las inimitables cualidades artísticas de la Simone.