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Hemos crecido, pero nos siguen gustando los cuentos

 

Aunque ahora se llame “storytelling“, lo cierto es que el relato es tan antiguo como la misma humanidad: ¿Cómo si no ha llegado hasta nosotros el Antiguo Testamento?.

Aunque ahora se llame “infografía“, lo cierto es que el relato visual es tan antiguo como la misma humanidad: para buen ejemplo, las pinturas de las cuevas de Altamira.

Los relatos, los cuentos, las infografías, son potentes herramientas de relación y de comunicación. Cuando alguien al que no conocemos nos dice “Te voy a contar algo…” nuestra capacidad de atención se dispara.

De niños, los cuentos son el formato de relato que permite la mejor comunicación entre padres e hijos. A los niños les apasionan los cuentos porque contienen toda la magia de las historias y toda la emoción de quien las cuenta. Pero lo cierto es que cuando somos mayores nos siguen gustando los cuentos, quizás más que nunca.

El storytelling aplicado a personas o a marcas comerciales es un fenómeno comunicativo excepcional. Hemos pasado del “qué” (lo que fabrican) al “por qué” (la razón que impulsó a fabricarlo). Los mensajes que mejor llegan son aquellos que consiguen emocionarnos, implicarnos, y para eso nada mejor que un relato, por breve que sea.

Me llamó la atención hace pocos días una fotografía que encontré en Twitter. Aquí está:

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Se trata de un simple vaso de cerveza. Pero es un vaso que incluye una pequeña historia, la del fundador de la empresa cervecera y las razones que le impulsaron a crear la compañía. Quizás la cerveza sea una más, pero el hecho de explicarnos su relato nos la hace más cercana, nos la convierte en una buena elección. La palabra neuromarketing nunca me ha gustado, me sugiere un cierto tipo de manipulación de las emociones. Pero siempre me gustará que me cuenten un cuento. Y no tiene por qué ser del todo real, la ficción se acepta como elemento sazonador de la imaginación.