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Sin crisis no hay desafíos: Pasar de la rutina al reto

Desde luego, sin crisis no hay desafíos

Me permito utilizar esta frase de Albert Einstein para incidir sobre un aspecto de la marca personal que me parece importante: la necesidad de autocuestionarse con cierta frecuencia.

Me explico: si bien todo apunta a que la autoestima es la clave de una buena proyección de la marca personal, el cuestionarse a uno mismo de vez en cuando genera nuevos desafíos que nos llevan a mejorar. Es lo que se llamaríamos entrar en crisis.

La crisis no se refiere aquí a una recesión económica como la que estamos viviendo ahora, pero no cabe duda de que las situaciones de crisis obligan a muchas personas a reinventarse a sí mismas y generar nuevos rendimientos.

Si cada día somos capaces de completar 3 sudokus, llegará un punto en que afrontarse a un sudoku no generará interés ni contribuirá a desarrollar nuestro cerebro, es lo que sería una rutina. Tendremos que buscar un nuevo reto que nos permita seguir creciendo intelectualmente, como el ajedrez, los crucigramas o aprender un nuevo idioma.

Imaginemos que nos encontramos en una situación de crisis personal. Un ERE nos ha puesto en la calle, o hemos decidido largarnos de una empresa que no nos dejaba vivir. Empieza un nuevo desafío, que seguro será interesante. Tengo en mente el caso de una amiga que, tras años trabajando en agencias de publicidad, y yéndole muy bien las cosas, aceptó la oferta de unos analistas financieros. Algo teóricamente impensable: aceptó. Pagaban mucho mejor. Ese nuevo trabajo le ha llevado a distintos países del mundo, y ahora ha conseguido un status con apenas 40 años que muchos quisieran para sí. Ella decidió cambiar su rutina, ponerse en crisis. Y le salió bien. Pero ya se sabe, si no se prueba no se sabe.

Si decides ponerte en crisis, salud. Tu marca personal saldrá beneficiada. Y recuerda, sin crisis no hay desafíos.

Einstein image by Shutterstock.com

No se trata de la cantidad de contactos, se trata de cómo interactuamos con ellos

En nuestra gestión de marca personal, a menudo se confunde cantidad con calidad.

Es cierto que el networking se basa en propabilidades, y cuanto más altas, mejor. Aunque también es cierto que estamos en la época de las afinidades, de la segmentación personal, del one-to-one, y, en definitiva, de la personalización. Tener 5.000 contactos en LinkedIn es muy interesante, pero aún lo será más si dividimos ese patrimonio en grupos afines (consultores, directivos, pensadores, periodistas….) y nos dirigimos a ellos de una forma más afín.

Tanto en Facebook como en LinkedIn, Plaxo, Viadeo… la caza del contacto se convierte a veces en un sinsentido. Puedo entender que un candidato político necesite una base muy amplia de “amigos” para desvelear su agenda, sus pensamientos y sus propuestas. Tal vez el problema resida en la nomenclatura “amigos”. No niego que pueda haber alguien con muchos, muchos amigos. Pero esas cifras que vemos a menudo de 5.000 amigos son irreales. En nuestra gestión de marca personal, a menudo se confunde cantidad con calidad.

El caso de Twitter es algo diferente, ya que ahí es posible “seguir” a personas por lo que piensan y lo que escriben, no por nuestra relación con esas personas. Twitter, además, ofrece en su interface la posibilidad de crear grupos por afinidad. De modo que, según el estado de humor del momento, a uno le apetece leer cosas de “coach”, de “políticos” o de “futbol”…

Twitter ofrece la posibilidad de crear grupos por afinidad

En el fondo, la gestión de contactos online no debería distar mucho de la gestión offline. Cuando uno crea una base de datos, siempre hay un campo que define el sector. Esa es la clave de la personalización. Así pues, no se trata de la cantidad de contactos, se trata de cómo interactuamos con ellos.