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El relato personal: ¿hasta dónde debo exponerme en redes sociales?

 

 

Me lo pregunto a menudo, ¿hasta dónde exponerme en Internet, en redes sociales? Como dijo Alaska en su letra más recordada ¿a quién le importa lo que yo haga? ¿a quién le importa lo que yo diga?

Si solo tienes un minuto, aquí tienes un resumen en vídeo:

Desventajas de exponerme, la parte negativa del relato personal

Seré directo: exponerme equivale a desnudarme. Al menos en sentido metafórico. Significa desvelar momentos de mi vida que tal vez muchos desconocen. Significa mostrar vulnerabilidades, miedos, dudas, fracasos, debilidades. Sí, exponerme requiere valentía

Quizás para los de mi generación, exponerme sea anti-natura. Nos decían que fuéramos discretos, que la información es poder, y que había que administrarla bien. Los hijos de la guerra fría crecimos con películas de espías. El espía no era más que alguien que sabía obtener información arriesgando su vida por ello. Bueno, y lo sigue siendo…

Exponerme me deja al descubierto para ataques de trolls, de cazadores de datos, de algoritmos publicitarios, de la misma administración pública, de CEOs de redes sociales sin ningún escrúpulo para comerciar con datos privados.

Ventajas de exponerme, una forma de acelerar la empatía

Sí, exponerse -de forma adecuada- también tiene sus ventajas. Significa transmitir valores personales, comunicar el relato personal. Explicar muchos porqués, muchos cómos, muchos qués. Dejar claro si encajaremos con un proyecto o con otro, con un equipo o con otro. 

La gran pregunta que me viene en mente para escenificar la ventaja de exponerme es ésta: ¿Por qué deberías confiar en mí si no sabes lo que me mueve, lo que me hace levantar de la cama todos los días? Las relaciones profesionales ya no solo pivotan alrededor de una propuesta de valor, ahí detrás hay un ser humano con propósito y unos valores que actúan como pilares. 

He sido un ingenuo durante mucho tiempo; y posiblemente eso me acompañe hasta el final. Durante años, he confiado en personas guiado únicamente por sus competencias. Y no siempre he acertado. Ahora lo tengo claro. Compro tu relato personal, tu ADN emocional, tu forma de ver el mundo y de querer cambiarlo. Tu forma de entender a los demás. Y espero que hagas lo mismo conmigo.

¿A quién le importa?  Quizás a personas como tú o yo

Como dice Sting, “sé tu mismo, no importan lo que digan” (be yourself, no matter what they say). De esa manera conectarás, transmitirás confianza. Otra cuestión es la forma de exponerme. Diría que docenas de selfies en el WC no importan a nadie. Tampoco el cenizo crónico, el pesimista patológico o el que replica lo que dicen los demás sin proponer un relato y una propuesta propia. Trabajar el relato personal es un pequeño reto. Te invito a compartirlo.

Photo by Glen Carrie on Unsplash

PD: Hasta siempre Manuel Miguel Hernández Pujadas

Hoy he sabido que ha fallecido Manuel Miguel Hernández Pujadas, coach, consultor, profesor de universidad, mentor, consejero, gestor del cambio, comunicador y estratega. Le conocí en 2016 como uno de los ponentes de TEDx Lleida. Compartimos escenario, nervios y risas.

Solo puedo decirte lo que dijiste al final de tu charla, “que la fuerza te acompañe”. Y puedo hacer más, dejar aquí este legado tuyo en forma de charla sobre los secretos de la buena comunicación. ¡Buen viaje, amigo!

¿Cuál es el detonante de tu carrera profesional?

¿Por qué estudiaste lo que estudiaste? ¿por qué empezaste en esa empresa tu primer trabajo? Cuando pregunto sobre el detonante de carrera las personas se suelen quedar en blanco.

La respuesta habitual, cuando emerge, es “no lo sé”. “Estudié eso porque es lo que se me daba mejor”. O “fue la primera empresa que me aceptó como candidato”. Yo no me lo creo. Siempre hay un detonante, aunque esté depositado en nuestro subconsciente.

Si no te gusta la palabra detonante, algo bélica, puedes cambiarla por “catalizador” o “impulsor”. Pero en cualquier caso siempre existe algo que nos empuja a hacer lo que hacemos.

Cuando armas tu relato, el detonante es un elemento clave. Yo suelo distinguir el impulso idealista del impulso canalizador.

El impulso idealista

El idealista, como su nombre indica, se basa a menudo en un sueño de infancia: seré médico para salvar vidas, seré policía para acabar con “los malos”, seré comerciante como mi padre, seré presidente de mi país para que nadie pase hambre y todos vivamos mejor. Sí suena utópico, pero ¿acaso un niño quiere ser político pudiendo ser presidente? ¿o enfermero pudiendo ser cirujano? Los niños piensan en grande. Es una pena que se pierda esa primera ambición en cuanto maduramos.

El impulso canalizador es el que te lleva a esa primera decisión firme sobre el tipo de estudios a cursar o el que te lleva a tu primera nómina en una organización.

Por poner un ejemplo, mi impulso idealista estaba compuesto de la pasión temprana por la fotografía, la música y las formas de comunicación no verbal, pero especialmente por la admiración que me produjo ver al físico británico Stephen Hawking comunicarse mediante un sistema primario de ordenador. Hawking podía renunciar a hablar, a mover sus piernas, pero no a comunicarse.

Años más tarde de mis pensamientos utópicos, en 1993, BT (British Telecom) lanzó un anuncio corporativo con música de Pink Floyd y un insight de Hawking que debería estar escrito en la frente de nuestros gobernantes:

For millions of years, mankind lived just like the animals. Then something happened which unleashed the power of our imagination. We learned to talk and we learned to listen. Speech has allowed the communication of ideas, enabling human beings to work together to build the impossible. Mankind’s greatest achievements have come about by talking, and its greatest failures by not talking. It doesn’t have to be like this. Our greatest hopes could become reality in the future. With the technology at our disposal, the possibilities are unbounded. All we need to do is make sure we keep talking.

Durante millones de años, la humanidad vivió como los animales. Entonces sucedió algo que desató el poder de nuestra imaginación. Aprendimos a hablar y aprendimos a escuchar. El habla ha permitido la comunicación de ideas, facilitando a los seres humanos trabajar juntos para construir lo imposible. Los mayores logros de la humanidad se han producido al hablar; sus mayores fracasos al no hacerlo. No debería ser así. Nuestras mayores esperanzas podrían convertirse en realidad en el futuro. Con la tecnología a nuestra disposición, las posibilidades son ilimitadas. Todo lo que tenemos que hacer es asegurarnos de mantener el diálogo.

El impulso canalizador

detonante marca personal

Paco y Elena

El impulso canalizador es el plan de acción. Una vez has decidido cuál de tus fantasías de infancia podría ver la luz, necesitas activar los resortes necesarios para que se haga realidad.

En mi caso, fue la pareja que ves en esta fotografía. Tíos míos, debía correr el año 1977 (yo con 15 años) cuando se tomó esta fotografía. Solían moverse en una moto que hoy llamaríamos vintage, una NSU de la que creo que hay pocos ejemplares en el mundo. Formaban una pareja atípica por la época: su forma desenfadada de vestir, el peinado. No sé si era la pareja perfecta, pero era un buen modelo en el que inspirarse. Pronto supe que eran publicitarios. Elena tuvo un paso fugaz por la publicidad, pero Paco Miret fue y sigue siendo uno de los grandes creativos publicitarios.

Paco trabajaba en Tiempo BBDO, una de las grandes agencias españolas y una de las top 10 mundiales. Necesitaban un ayudante para el estudio de arte. Y ese fui yo. Conocía las técnicas fotográficas (en mi casa siempre tuve equipo de revelado) y me apasionaba lo relacionado con el diseño.

Mi primera nómina es de enero 1979, en Tiempo BBDO. 5.000 pesetas al mes (unos 30€). Tenía 16 años. Categoría profesional: botones. Hoy, con 55, sigo siendo publicitario, aunque he cambiado la forma de reforzar las marcas. Ahora estoy convencido que debe hacerse a través de las personas. Y por eso me dedico al personal branding.

Ya ves como una fantasía de infancia o juventud puede determinar tu carrera y forjar tus primeras pasiones.

Me gusta recordar la frase del psicólogo Carl Jung:

Yo no soy lo que me sucedió, yo soy lo que elegí ser

Te lo vuelvo a preguntar ¿cuál es tu detonante?

Imagen cabecera de shutterstock.com